Inseguridad y violencia masculina

Usualmente asumimos que los hombres que se sienten “masculinos” tienen más probabilidad de comportarse violentamente que aquellos menos preocupados por su masculinidad. Sin embargo, un estudio reciente encontró que los hombres que sienten que no cumplen las normas percibidas de masculinidad y, por consiguiente, experimentan estrés con respecto a eso, pueden tener igual probabilidad de actuar de manera violenta.

Cuando sienten que no alcanzan la vara de masculinidad autoimpuesta, aumenta la probabilidad de violencia desmedida.

Los investigadores descubrieron que los hombres que sienten que quedan cortos en los estándares sociales de “macho” (y se sienten infelices por ello) tienen mayor probabilidad de cometer asaltos armados que aquellos que se sienten cómodos con su masculinidad.

En general, los hombres tienen mayor probabilidad que las mujeres de sufrir de mala salud y lesiones, probablemente porque tienden a gravitar hacia conductas de mayor riesgo, declararon los investigadores. Los hombres, típicamente, se involucran más que las mujeres en abuso de sustancias, consumo de alcohol compulsivo, manejo imprudente, actos de violencia y tienen mayor probabilidad de llevar armas.

La teoría de los investigadores fue la siguiente: las conductas violentas y de riesgo de los hombres se originan de una inseguridad con su masculinidad; cuando un hombre se percibe como menos masculino con respecto a los estándares sociales tradicionales y siente que otros lo perciben de la misma manera, se propone que éste experimenta “discrepancia de rol de género”, y la tensión que siente por esta razón es conocida como “estrés de discrepancia”.

Los investigadores encontraron que los hombres con alto estrés de discrepancia tenían mayor probabilidad de ser violentos que los hombres que no estaban tan preocupados por su masculinidad.

Cabe mencionar que los estándares de masculinidad no fueron establecidos por los investigadores. Estos eran establecidos por los mismos participantes. Por lo mismo, algunos participantes definieron la masculinidad en función de conductas agresivas e hipersexuales, mientras otros lo hicieron en función de buenas prácticas como esposo y padre.

Los investigadores sugieren que los esfuerzos para reducir las conductas de riesgo de los hombres deberían enfocarse en cómo se internalizan los estándares de masculinidad, y cómo estos estándares pueden causar estrés en niños y hombres.

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