Basta de princesas: evítale el sufrimiento

El cambio de barbie abrió muchos ojos en cuanto a las diversas formas corporales que marcan el desarrollo y crecimiento de los niños, que desde la infancia crecen con modelos corporales anatómicamente imposibles, el “cuerpo de super modelo” era irreal, las mujeres imaginaban sus cuerpos sin costillas, sin caderas, delgados y de apariencia poco sana para no decir con algún trastorno alimenticio. Al igual que los niños, que lastimosamente se han quedado sin modelos nuevos dentro del mercado.

Si muchos entendieron la relevancia de una imagen en el crecimiento, es tiempo de que nos fijemos en las palabras que les decimos a los niños. Una de ellas llama nuestra atención en particular: Princesa/Príncipe.

No es por ponernos graves, las palabras que utilizamos tienen un gran peso sobre las personas. Las princesas son un modelo de mujer que abunda en el mundo infantil y las niñas aspiran a ser princesas, a ser una en un millón, una afortunada; pero esa fortuna no depende de ellas, las princesas obtienen todo sin esfuerzos, ya sea de su familia o de sus príncipes. Vivir con abundancia o que tu pareja tenga dinero puede ocurrir, pero aspirar a eso como meta en la vida se ha vuelto tóxico durante generaciones. Muchas mujeres en el 2016, aún esperan al príncipe que las saque de su realidad y las lleve a un mundo de ensueño y eso ya no puede ser, debemos resignificar lo que implica ser mujer y que no necesitan a una pareja que las saque de su realidad, sino que deben construir realidades por ellas mismas.

Los niños se llevan un gran peso en la situación, ya que además de imponerles cuerpos inalcanzables, con la palabra príncipe, les estamos diciendo que deben ser los proveedores de aquella felicidad y abundancia que toda mujer quiere.

Si a estos estereotipos sumamos que gran parte de la sociedad en latinoamérica sigue enfrascada con que el ideal de la sociedad patriarcal es lo mejor, estamos infringimos un gran daño a los más pequeños.

En el proceso de crianza somos responsables de mostrarles a los niños que pueden encontrar su realización en la diversidad: de cuerpos, profesiones, orientaciones, etcétera. Distintas formas de vida y de ser felices.

La marca que deja una palabra en el inconsciente es probable que termine guiando nuestras vidas, no siempre para bien, puede hacernos esperar o querer cosas en la vida sin saberlo. Quizá mientras lees, te das cuenta que esperas de la vida justo lo que te mostraron las películas de Disney o los cuentos de Hans Christian Andersen, pero lo consideras una casualidad, una esperanza vital válida. Pero no lo es, todos estamos engañados en nuestras elecciones, hemos sido guiados por la publicidad, la televisión y el cine en muchas de nuestras decisiones, y si bien tomar ejemplos sociales externos es natural, estos ejemplos distan mucho de lo que nos resulta natural en los humanos.|