Deseos y fantasías sexuales

El deseo y la fantasía sexual son parte de nuestra vida psicológica, pero también temas tabú en nuestra sociedad. Una vida sana y plena viene con una vida sexual rica y abierta, y en las siguientes páginas buscamos precisamente esto: no solo abrir el tema del deseo y la fantasía sexual, si no también, desmitificar y aclarar algunas de las nociones erróneas que todavía se mantienen y propagan.

Empecemos

Hablemos primero de qué entendemos por deseo sexual y fantasía sexual, porque, a pesar de estar íntimamente relacionadas, el deseo sexual y las fantasías no son lo mismo, y para evitar confusiones es importante conocer la diferencia. Cuando hablamos de deseo sexual nos referimos al impulso de interactuar sexualmente con alguna persona. Y decimos “impulso de interactuar sexualmente” y no “impulso de hacer contacto sexual” pues podemos establecer y llevar relaciones sexuales sin hacer contacto físico; mirar a un compañero sexual mientras se masturba o hacer sexting (enviar mensajes por el celular con contenido sexual) son pruebas de esto.

Por otro lado, una fantasía sexual es una representación mental de una interacción sexual, que varía en complejidad (la cantidad de elementos que tiene y si implica olores, sonidos, etcétera) y constancia (si es esporádica o se evoca más seguido). Es, básicamente, una realización del deseo sexual, pero en el mundo de la imaginación.

Se nota inmediatamente que para que exista una fantasía sexual tiene que haber primero deseo, y raramente se presenta el deseo sexual sin fantasías. Cuando encontramos un chico o chica que nos atrae sexualmente, lo más probable es que imaginemos cómo sería la textura de su piel o el olor de su nuca, y muchas veces somos conscientes de nuestro deseo porque se nos presenta una fantasía. Es por esto que separar el deseo sexual de la fantasía sexual en la experiencia del día a día es complejo, y para propósitos de este artículo  trataremos a ambos como un todo. Así que a menos que hagamos la diferencia explícita, cuando hablemos de fantasía se supone deseo, y cuando hablemos de deseo se supone fantasía.

¿De dónde viene todo eso?

La historia y la literatura nos sugieren que, desde que el humano es humano, existen deseo y fantasía (y modos de prohibirlos y castigarlos). Y es que es la manera en que nuestra especie se reproduce y -entre otros modos- genera vínculos significativos entre sí. Está cableado en nuestra estructura cerebral y, con excepción de contadísimos casos (no nos olvidemos de la asexualidad), el deseo sexual y la fantasía son centrales a los humanos, no muy distinto a sentir hambre y fantasear con un churrasco italiano, o sentir cansancio y fantasear con una cama blandita.

Está cableado en nuestra estructura cerebral y, con excepción de contadísimos casos, el deseo sexual y la fantasía son centrales a los humanos.

 

Y, a pesar de esto, a través de nuestra experiencia como humanos y  psicólogos nos percatamos que la mayoría de las personas experimentan culpa, remordimientos y/o miedo de su mundo de fantasías y los deseos que este revela. De hecho, en el último tiempo, a través de nuestra iniciativa Pregunta al Psicólogo (¿no la conoces? Tómate un minto, haz click aquí y maravíllate) hemos corroborado esto. Nos incomoda que nos resulte atractivo el pololo de la mejor amiga o esa tía a la que los años han tratado bien. Hay culpa cuando como hombres heterosexuales nos calienta un hombre, o cuando como mujeres heterosexuales nos calienta una mujer. ¿Te atraen dos o tres personas simultáneamente? “Terrible, hay que decidirse ahora mismo”, nos dice la voz interna. Es casi como si el deseo se hubiese vuelto… indeseable.

Pero, ¿por qué tanta culpa?

Muchas posibles respuestas. Pero, de seguro, una parte importante se debe a que vivimos en una sociedad con una fuerte herencia católica, donde el pecado no solo existe en las acciones, si no también en los pensamientos (como si la mera idea del pecado no fuera suficientemente tóxica). La televisión, la industria del entretenimiento y la publicidad también han hecho lo suyo, vendiéndonos no solo el modelo de relaciones de pareja y sexuales con una sola persona, si no también la noción de que una persona enamorada fantasea solo con la persona de la que está enamorada y con nadie más. Súmale a esto décadas y décadas donde el tema era censurado de toda conversación y llegamos al punto donde estamos, donde el deseo sexual y la fantasía a veces son vistos como extraños y más adecuados para alguien perverso que para un ser humano sano y feliz.

Una herencia religiosa católica, la industria del entretenimiento, la publicidad y un continúo silencio, han marginado el deseo y la fantasía.

 

De a poco los tiempos han ido cambiando -y, más importante, las ideas- y vemos algo de progreso en esta área. Sin embargo, seguimos acosados de prejuicios y temores con respecto al deseo y la fantasía sexual. ¿Los despejamos?

Despejando

Como ya mencionamos más arriba, el deseo y la fantasía sexual son naturales, y una consecuencia de miles de años de evolución. Y hay otro aspecto clave que está enlazado a esto: el deseo sexual no es voluntario. Poniéndolo simplemente: no elegimos qué ni quién nos calienta y, por tanto, no deberíamos asignarnos responsabilidad ni menos sentir culpa por ello. El caso de la fantasía es algo distinto en este sentido, pues puede “llegarnos” involuntariamente como el deseo, o bien podemos, voluntariamente, ejercitar nuestra imaginación y crear las escenas que deseamos vivir. Sin embargo, incluso cuando es un esfuerzo voluntario, la culpa no tiene lugar fantasía y deseo no implican acción. Pensar e  imaginar no es actuar y, por tanto, no tienen cómo dañar a otros seres humanos -que es la marca de una acción definitivamente negativa y que debemos evitar.

No elegimos qué ni quién nos calienta y, por tanto, no deberíamos asignarnos responsabilidad ni menos sentir culpa por ello.

 

Aquí obviamente surge la pregunta de la infidelidad (cuando fantaseo con alguien distinto a mi novia/o, ¿le soy infiel?) y, si bien en Interludio consideramos que cada relación debe establecer sus límites y, por tanto, determinar qué implica ser fiel, no hay cómo negar que una relación que ve la fantasía y el deseo como infidelidad coartará un aspecto natural de nuestra vida sexual, conduciendo a sus partes a una vida poco sana.

Otra cosa importante del deseo y la fantasía sexual -y que parece causar malentendidos constantemente- es que podemos tener muchas y no son excluyentes entre sí. En el mundo de la fantasía, las reglas de físicas, biológicas o sociales no existen y, por tanto, actos o comportamientos que en la realidad serían excluyentes, pueden convivir en el mundo de la fantasía. Y esto nos lleva a un punto muy importante.

La fantasía sexual es útil

La fantasía, como un mecanismo psicológico, no es solo inevitable, si no muy útil. Por un lado, nos permite acceder a escenarios y posibilidades que están fuera de nuestro alcance. En tu teatro interno, eres tú quien elige los actores y actrices, y quien escribe el guión. En nuestras fantasías, podemos tener sexo con quien queramos, dónde queramos y cómo queramos. Es un campo donde, como mencionamos, las reglas biológicas, físicas y sociales pueden doblarse cuanto queramos, realizando nuestros deseos.

La fantasía actúa como un ensayo donde podemos probar con mayor libertad aquello que nos atrae.

Por otro lado, la fantasía también nos permite vivir experiencias que sí son posibles. Pero, ¿por qué querríamos hacer esto si está dentro de nuestras posibilidades hacerlo dentro de la vida real? Simplemente, por economía y exploración. Economía pues no gastamos recursos en hacer lo que queremos hacer (y no me refiero solo a recursos económicos o de tiempo, si no también a recursos psicológicos, como lidiar con emociones, focalizar la atención, etcétera). Exploración, pues podemos evaluar cómo nos sentiremos con cierta experiencia sin necesariamente exponernos a la experiencia real, ni a las consecuencias que esta puede tener. En este sentido, la fantasía actúa como un ensayo donde podemos probar con mayor libertad aquello que nos atrae.

Una última consideración

Como te darás cuenta, si bien somos partidarios acérrimos de una vida sexual rica en fantasías y abierta a sus deseos, esto debe estar balanceado con una buena pizca de realidad. No siempre podremos realizar las cosas que vivimos en nuestras fantasías, y por eso siempre que queramos llevarlas a cabo -pasarlas del mundo de la imaginación al real- debemos considerar que la vida real no es el campo libre de reglas que es la fantasía, y adecuar nuestras expectativas y considerar las consecuencias en función de esto.

Pensamos que una vida sana y plena necesita de una vida sexual rica. Por lo mismo, te pedimos que compartas este artículo en redes sociales y con quienes conozcas para que, paso a paso, vayamos desmitificando y borrando las culpas asociadas a algo tan natural como desear  y fantasear.

Interludio - Deseo y Fantasía