Mi hijo es víctima de Bullying ¿qué hago?

Hoy vivimos en una sociedad que ha avanzado respecto al acoso escolar, ya todos lo hemos escuchado o leído, sabemos de qué se trata y podemos reconocerlo.  Pero todavía no hemos avanzado tanto y muchas personas quedan en blanco una vez que se encuentran con la situación ¿y ahora qué hago?   Es un tema muy delicado, donde nuestros niños ya están en un alto nivel de vulnerabilidad emocional y por lo tanto, tenemos que evitar dar palos de ciego y correr el riesgo de dejar las cosas mucho peor.    Por esa razón te daremos algunos Tips realmente importantes para que consideres a la hora de actuar, para que los aprendas para tener la preparación en caso de, o bien, para que ayudes a compartirlo y esta información pueda llegar a quienes la necesitan.

Tip 1: No culpes a tu hijo

Muchos padres o tutores caen en la trampa de asumir que el niño acosado algo ha hecho como para que lo conviertan en el blanco de las burlas y agresión.  Pero recordemos que la mente de los niños no funciona bajo los mismos principios lógicos que los adultos y que muchas veces no existe una verdadera razón por la cual se hace el bullying.   Lo que sí sabemos es que ningún niño querrá pasar por esta situación y por lo tanto nunca harán algo a sabiendas que los convertirá en víctima, muy por el contrario, a menudo podemos diagnosticar a través de lo que dejan de hacer.  Es muy importante entender el bullying como un problema que va más allá de la víctima y el agresor, donde intervienen sus familias, el colegio, el sistema completo.   No busquemos la culpa del niño, ni la de nosotros como padres o tutores.

Tip 2: Enfocarse en la situación/emoción, no en el agresor

Queremos conocer la historia completa y para eso tenemos que mostrar al niño un interés genuino, por lo que él ha vivido (nosotros podemos entender que existen diferentes versiones e interpretaciones, pero queremos conocer lo que el niño ha experimentado).  Podemos ir preguntando detalles mostrando interés y siempre atentos a consultar ¿cómo te sentiste en ese momento? porque lo vital es conocer qué partes han repercutido más en la vida emocional para poder ayudar de mejor manera y tener las cosas claras cuando ocupemos ayuda externa.
Hay que evitar mostrar rabia o decir frases que denigren al agresor, se necesita mucha templanza, lo sabemos, pero es por el bien de tu propio hijo.  Queremos que aprenda que tú sigues siendo parte de ese mundo seguro, alguien en quien puede confiar y no alguien que hará las cosas peor, queremos que el niño también vaya confirmando que a medida que maduramos nuestras reacciones son equilibradas y no totalmente pasionales.
También tenemos que tener cuidado con reforzar o premiar.  Usualmente frente al sufrimiento  de los niños los adultos queremos rápidamente crear una sonrisa en sus caras y lo más rápido siempre es ir a comprar o a comer-comprar.  Esto puede ser muy perjudicial ya que estamos enseñándole que cada vez que nos cuente su tristeza o agobio recibirá un premio.

Si son niños más grandes, podemos ocupar estas mismas instancias de conversación para preguntarles ¿qué crees que podrías hacer para evitarlo? y luego de escuchar la respuesta podemos complementar con un ¿cómo piensas que eso ayudará al problema en general?  Sabemos que no está en sus manos ni su mente poder solucionar este problema, pero al mismo tiempo queremos que ya de a poco vayan construyendo las herramientas que luego les permitirán lidiar con los problemas sin la ayuda de los demás.  También queremos que se sientan partícipes de la solución y no sólo del problema.

Tip 3: Definir la gravedad del caso

Los humanos somos seres realmente complejos y maravillosamente únicos, por lo tanto tirar una línea que divida la cancha en dos es algo realmente difícil, no solo la gravedad del problema puede tener muchísimos grados, sino también que las herramientas de cada persona pueden hacer que se interprete diferente.  Pero en este caso necesitamos hacer una clasificación, en momentos de crisis hay que ser prácticos.

Diferenciaremos un acoso leve cuando no hay síntomas y el mismo niño lo ve como algo que no le interfiere para nada realmente.  En este caso, cuando un niño tiene ese nivel tan desarrollado de madurez emocional y racional la ayuda que podemos ofrecer es recompensar esa disposición y hablar del tema cada cierto tiempo para notar si hay cambios, considerando que es un desarrollo muy rápido los cambios también lo son y algo que para un niño no es problema, puede ser lo peor en un par de meses.

Consideraremos un grado medio cuando el niño siente su vida escolar afectada, acá ya hay síntomas como el desgano o la aversión al colegio, el saltarse ciertas clases o evitar ciertos lugares del colegio (recordemos que el bullying usualmente se hace cuando no hay autoridades mirando, en los recreos, en los trabajos de grupo y a veces en lugares más privados como por ejemplo, los baños)  En estos casos ya hay una interferencia cotidiana que sí afecta los procesos emocionales y por lo tanto, afecta también los procesos de aprendizaje intelectual y social.    El primer paso acá es conversar el tema con los profesores, especialmente el profesor jefe o guía.
Debemos evitar llegar a esa conversación sintiendo que “son malos profesores porque no detectaron la situación”, como mencionamos antes, la mayoría de los ataques se hacen justamente cuando los profesores no están mirando.    Debemos explicar concretamente la situación, explicar el sentir del niño que es víctima y pedir que se solucione al menos la parte escolar.    En este caso el o la docente sabrá ocupar todas las herramientas que tiene a disposición desde su cargo, como por ejemplo hacer cambios de grupos, alejar a la víctima del agresor para evitar ataques en trabajos grupales, mantener a los inspectores al tanto para que estén presentes en los recreos y obviamente si el colegio cuenta con psicólogo lo comunicará oportunamente y se verá el mejor plan de intervención individual o grupal si es necesario.    Está bien si pides discreción, es parte de la solución evitar que esta información termine cayendo en personas que no saben como actuar.    En estos casos la ayuda terapéutica que ofrecemos los psicólogos clínicos es esencial, tanto para la víctima como para los padres, con quienes se puede trabajar entregando las herramientas necesarias para la intervención más cotidiana que se da en el hogar.

Un caso grave de bullying es cuando la víctima ya no puede seguir yendo al colegio, si tiene padres que lo obligan aparecen las cimarras, aparece la autoagresión en muchos casos o en situaciones donde el abuso es tan excesivo que el niño durante todo el día está percibiendo una constante amenaza a su integridad, perturbando completamente toda su vida y asociando cualquier instancia de aprendizaje con el terror que produce la sensación de ser atacado.   En estos casos la mejor recomendación es hablar directamente con el director y comenzar los trámites para el cambio de colegio.  En caso de existir amenazas más serias es necesario consultar también con las autoridades policiales.
En estos casos el apoyo que ofrecemos los psicólogos es más que esencial y completamente necesario y no necesita mayor explicación.   Es necesario contener, apoyar y posteriormente iniciar un proceso progresivo para ir convirtiendo las instancias sociales y educativas en algo que el niño vuelva a percibir como seguro, mientras que se construyen todas las herramientas para frenar las posibles situaciones de este tipo en el mismo momento que comienzan a aparecer.
Esperamos que esta información te haya sido útil, contamos contigo para que puedas compartirla y ayudar a que este tipo de artículos se difundan, necesitamos detectar el bullying a tiempo y toda información siempre ayudará, por eso, comparte.

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