¿En-amor-ados?

Es algo de lo que todos hablamos, que la mayoría ha sentido en distintas etapas de su vida, que los medios nos muestran, nos venden y nos cambian una versión por otra diferente.   Sin embargo, son muy pocos los que pueden diferenciar el límite que separa el enamoramiento de la mera atracción y del amor.    Ya en los banquetes griegos donde participaba Sócrates podíamos entrever esta necesidad no sólo de vivir las distintas facetas del amor, sino también de hablar sobre ello, delimitarlo con el fin último de entenderlo.

El Deseo

A menudo hablamos de deseo desde nuestra esencia más sexual, lo tenemos asociado a la satisfacción de nuestras necesidades más primarias y aunque este significado ha sido algo moderno, no está muy lejos del significado que tenía originalmente, donde entendemos por deseo a la sensación de extrañar o echar de menos algo que ya conocemos y que aunque no esté presente, se mantiene simbólicamente en nuestras mentes dejando un espacio vacío.    El deseo entre las personas se da exclusivamente cuando no las tenemos, o cuando no tenemos la parte de ellas que necesitamos como por ejemplo el sexo.   Una vez que obtenemos a esa persona, cuando ya hemos satisfecho nuestra necesidad de estar con el otro, de lograr su atención o simplemente de conocer su cuerpo, el deseo se extingue. Puede volver a nacer si nuevamente dejamos de tener a las o los deseados a la vista, así como puede que luego de tener lo que queríamos hayan cambiado nuestras prioridades.
Hoy en día existen muchas relaciones que están basadas en el deseo, que prácticamente no se conocen, ni se acompañan, ni se fortalecen y que se ven eventualmente para satisfacer momentáneamente sus propios deseos y luego volver al distanciamiento.

La Atracción

Tal como su palabra lo indica la atracción habla de algo que va más allá del mero deseo; existe una necesidad de hacer que nosotros y los demás gravitemos en un espacio conjunto, ya no lejos, sino en el mismo recorrido.    La atracción implica el deseo de estar con esa persona o al menos cerca, lo más cerca que las relaciones o nuestro pudor lo permitan.   Implica el deseo de conocer más sobre la otra persona, a diferencia del deseo que pareciese ser una dualidad «presencia/ausencia» la atracción implica una constante profundización sobre la vida de los otros. La Dopamina es la causante de que nuestro cerebro vea cada paso avanzado como una recompensa, y sí, puede ser adictivo, por lo que aunque nadie lo mencione, podemos encontrar a personas que están permanentemente sintiendo atracción por distintos individuos, sin importar si están o no en una relación ya. Aquí no se extingue la necesidad una vez logras un acercamiento con la o las personas, por el contrario, es probable que esta necesidad se potencie mucho más y comience un espiral que puede ser el paso a una gran relación o bien, el infierno que implica una obsesión no correspondida.    Aunque es una sensación totalmente subjetiva, en el deseo la acción nos parece venir desde nuestro interior y ser dirigida a alguien o algo en el exterior, puedes desear a una persona perfectamente sin verla ni oírla.   Pero la atracción la sentimos al revés, es cuando tenemos a la persona frente a nuestros ojos que notamos nuestra necesidad de fijarnos, el inmenso magnetismo que nos provoca.

El Enamoramiento

Cuando la atracción que vamos sintiendo empieza a ser alimentada con la cercanía de la persona, con la interacción más diaria y cotidiana, cuando vemos que esa persona está en contacto con nuestra vida emocional y nosotros en la de ella, nuestro cerebro nos tiene inundados de felicidad y una sensación de bienestar general gracias a la Serotonina mientras que al mismo tiempo, ambos amantes han escogido con pinzas las partes de su personalidad o su vida que le muestran al otro, hasta ese momento conocemos casi únicamente «lo mejor del otro».  Esta idealización no puede sostenerse mucho tiempo más porque a las personas nos resulta difícil mantener un rol que no tenemos o hacer un papel diario que no nos representa verdaderamente.    Cuando se cae el muro color rosa que existía comenzamos a ver todos los defectos y las fallas de personalidad que tiene nuestro amante.   En personas con altos niveles de idealización creados por los estándares que han sacado de la televisión o los medios en general y que están acostumbrado a una cultura de lo desechable, esta crisis significa una sola cosa, romper cualquier cercanía.   Pero también debido a distintas inseguridades muchas personas prefieren conformarse con lo que ya tienen, intentando hacer como si los defectos no existieran y siguen en la relación no fructífera por el miedo a estar solos, viviendo un permanente enamoramiento forzado.

El Amor/Apego

Tal como nos decía E. Fromm, el amor como tal comienza cuando ha caído el velo que nos enceguece y cuando podemos, por fin, ver a nuestro amante como la persona que está detrás de la idealización que hicimos durante el enamoramiento.   Esta etapa comienza cuando vamos aceptando las virtudes y los defectos de la otra persona y ésta acepta los nuestros.  Aceptar no significa en ningún caso conformarse, esto queda relegado sólo para aquellos aspectos que no podemos cambiar.   En el amor se busca el bien del otro y por lo tanto, se espera que el otro mejore sus defectos gradualmente y aumente sus virtudes, que es lo que nos lleva a la felicidad.     Naturalmente nosotros también enfrentaremos ese camino de crecimiento, en la pareja se busca el apoyo mutuo, una manera de relacionarse donde se aumente la motivación hacia el crecimiento y se haga una contención emocional cuando las cosas vayan mal.   Este camino en conjunto permite a nuestro cerebro generar Oxitocina, la llamada hormona del amor, que no sólo está relacionada al orgasmo sino que también genera distintos cambios que nos permiten hacer más fuerte a la pareja, potenciar el vínculo y facilita posteriormente eventos como el parto y el apego con los hijos.  Aunque nos gustaría, no podemos explicar la complejidad de una relación positiva sólo en términos hormonales, en la mayoría de los casos implica una marca tan distintiva hecha por sus propios integrantes y que ha sido construida ladrillo por ladrillo al punto que el resultado bien puede llegar a compararse con una obra de arte.      En este trabajo conjunto veremos que naturalmente tenemos muchos aspectos complementarios, que nos permitirán ir equilibrándonos, aprendiendo cada uno de las virtudes del otro y naturalmente quedarán muchos otros aspectos en los que cada uno deberá intervenir con la ayuda de otros profesionales, porque no todos somos psicólogos, nutricionistas, profesores de arte, personal trainers, asesores de imagen, etcétera.

Pueden ser etapas problemáticas

Naturalmente cada una de estas características del amor o etapas pueden generarnos una dificultad importante, e incluso pueden llegar a ser un problema en el que necesitaremos la intervención de un tercero.   Por ejemplo, muchas personas pueden estar viviendo hoy una permanente lucha entre un intenso deseo por algo que —debido a sus propias creencias— consideran totalmente raro, prohibido o poco natural.   Una lucha que se convierte en una constante auto-recriminación, que a veces incluso puede llevarnos a la autolesión o el boicot de nuestros proyectos como una especie de castigo.
La atracción tampoco está libre de problemas, muchas personas intentan reprimir la atracción cotidiana que sienten por otras personas, también recriminándose y en muchos casos sin saber bien como actuar, temiendo que cualquier acercamiento mínimo pueda de pronto desencadenar una tormenta de emociones y convertir sus vidas en una catástrofe, comienzan a evitar a ciertas personas, a actuar de manera errática.
El amor que nace en el enamoramiento, o el amor ya establecido como tal puede tener muchísimas complicaciones, si algo tenemos claro es que amar no es fácil, implica muchísimo sufrimiento en muchos casos, aunque tiene tremendas recompensas.  No todos toleramos bien el dolor de la desilusión, o la sensación de haber visto nuestra confianza violada por una pareja que fue infiel al trato  y los límites puestos en común acuerdo.  Incluso, el ir madurando los aspectos que tenemos más débiles puede convertirse en un gran peso cuando vemos que por sí solos no hay mucho avance.

En todos estos casos lo mejor es buscar la ayuda del psicólogo, ya sea en la modalidad individual o de pareja, dependiendo de cada caso.  Siempre será recomendable luchar e intentar todas las posibilidades de arreglar cualquier aspecto de nuestra vida en lugar de simplemente decidir terminarlo sin saber lo que pudo haber sido.