La ciencia de la bondad

En una entrevista publicada en Scientific American, Dacher Keltner, psicólogo y director del Laboratorio de interacción social de Berkeley, aborda uno de sus últimos libros: “Nacido para ser bueno: La ciencia de una vida significativa”. Keltner reúne los hallazgos científicos con una narrativa personal para descubrir el poder innato de las emociones humanas para conectar a las personas entre sí, y argumenta que éste es el camino para vivir una buena vida.

En el libro, Keltner apunta a que la evolución de mamíferos y homínidos ha creado una especie -nosotros- con notables tendencias hacia la bondad, el juego, la generosidad, la devoción y el sacrificio personal, y señala que estos rasgos han resultado vitales al momento de enfrentar las tareas clásicas y fundamentales de la evolución: la supervivencia, la replicación de genes y la formación de grupos de buen funcionamiento.

Los nuevos estudios acerca de la felicidad han descubierto que las emociones relativas a la bondad se pueden cultivar fácilmente de maneras comunes, sacando lo bueno de los demás y de uno mismo. Aquí hay algunos ejemplos empíricos recientes:

Meditar con un enfoque compasivo hacia los demás cambia la activación cerebral en reposo hacia el hemisferio izquierdo, región asociada con la felicidad, reforzando las funciones inmunitarias.

Hablar sobre gratitud en las aulas, en la mesa o en el diario, aumenta la felicidad, el bienestar social y la salud.

Compartir experiencias inspiradoras sobre respeto y admiración a otros mejora el sentido de conexión de las personas con los demás y el sentido de propósito.

Reírse y bromear frente a experiencias traumáticas le da a la persona perspectiva frente a las dificultades inevitables de la vida, mejorando la resiliencia y adaptación.

Dedicar recursos a otros, en lugar de complacer los propios deseos materialistas, produce un bienestar duradero.

 

Keltner espera que nuestra sociedad pase de una cultura materialista basada en el consumo, a una sociedad que privilegie las “alegrías sociales” (juego, cuidado, cercanía, alegría) que son nuestras fuentes más antiguas (en el sentido evolutivo) de la buena vida.

En términos más específicos, se advierte que esta nueva ciencia de la felicidad y virtud está empezando a hacerse un lugar, y su influencia directa puede encontrarse en distintas nuevas prácticas:

Médicos ahora están recibiendo capacitación en las herramientas de compasión —escucha empática, contacto cálido— que mejoran los resultados generales de la salud en pacientes. En las cárceles y centros de detención juvenil se enseña meditación. Los profesores ahora enseñan regularmente las herramientas de empatía y respeto. Los ejecutivos están aprendiendo sobre inteligencia emocional —respeto, creación de confianza— donde se demuestra que el crecimiento de una empresa implica más que solo sus ganancias finales.

Todo esto nos demuestra que muchos están dando la cabida que la bondad, empatía y gratitud merecen en nuestra sociedad.