El código para relaciones saludables

El efecto Miguel Ángel se refiere a las parejas que se profesan amor y aceptación completa y que a la vez valora el potencial de crecimiento del otro, desarrollándose ambos plenamente. Este es el código que siguen para lograrlo.

1. Ambos conocen bien que son los responsables de su propia felicidad y saben que ese es un camino individual.

Muchas personas cometen el error de buscar en su pareja la solución a sus distintas dificultades, volviéndose así personas dependientes de un otro para poder regular su vida emocional.  Desde una perspectiva saludable se entiende que los demás no están en el mundo con el fin de darnos apoyo cada vez que lo necesitemos, de ofrecernos palabras de seguridad cuando estamos ansiosos o demostrarnos que somos la única y exclusiva persona que les parece atractiva en el universo cuando estamos celosos.  Una pareja puede ayudarnos, sí, pero lo primero es ayudarnos nosotros mismos o buscar la ayuda profesional necesaria.

2. Ninguno está tratando de “arreglar” o controlar al otro.

Desde una perspectiva saludable consideramos que el control aparece cuando no hay confianza, y que el control también aparece cuando queremos dominar al otro.  Aunque sea de manera inconsciente, en todos los casos en intentar controlar a la pareja es un gran signo de que las cosas no están bien en quien controla. Por otro lado la mayoría de las personas que tratan de “arreglar“ a su pareja, en realidad sólo están adaptándola a lo que es más adecuado para su personalidad que en la mayoría de los casos no es lo más saludable, incluso en muchas ocasiones puede ser tóxico.  La mejor manera de ayudar a las personas que quieres es incentivándoles a que inicien su propio proceso de psicoterapia.

3. Tratan los conflictos como parte de la vida y no necesariamente como indicador de que la relación deba terminar.

En esta parte nos referimos a las diferencias que se producen día a día, a las discusiones por tener distintos puntos de vista, distintas maneras de hacer las cosas o incluso por tener distintos gustos culturales.   Se entiende que en toda relación sana existirán estos puntos donde las perspectivas se encuentran y generan cierta distancia momentánea entre las dos personas que lo discuten, pero dos personas maduras deberían tener la capacidad de entender que el otro no tiene por qué ser igual a ellos y estar de acuerdo en todo y siempre. Los conflictos son parte de la vida, incluso de una vida sana, primero porque son inevitables y segundo porque nos ofrecen la oportunidad de crecer.

4. Ambos comparten sus sentimientos honesta y abiertamente.

Saber lo que le pasa a nuestra pareja es fundamental, pero todavía no ha sido inventada la tecnología que nos permita leer la mente, por lo tanto una buena relación implica entender que para que nuestra pareja sepa lo que estamos viviendo, tenemos que ser claros y honestos con lo que sentimos.  Si nos cuesta expresarnos en persona podemos encontrar la manera de comunicarnos por escrito, si nos cuesta encontrar un momento en la vida cotidiana entonces hay que preparar y programar un lugar y momento especial para poder conversar sobre nuestras emociones, sentimientos, apreciaciones y también escuchar las de nuestra pareja.  

5.  Cada uno hace tiempo para cuidar de sí mismo.

Cuidar de sí mismo puede incluir muchísimas conductas, desde darse un tiempo para alguna afición, estar con amig@s, hacerse cuidados estéticos, hasta aspectos mucho más esenciales del auto-cuidado como son el tener una dieta saludable, hacer ejercicio físico, tener controles regulares con el médico y naturalmente contar con el apoyo psicológico necesario para estar mejor.    Todo eso implica tiempo y las parejas saludables lo saben muy bien, saben que de no darse ese espacio que implica tiempo y dinero, la salud de cada uno irá empeorando, lo cual en algún punto sí o sí resentirá la relación. Saber delimitar cuáles son nuestros espacios de autocuidado y cómo lograrlos, es uno de los aspectos más esenciales para estar bien solos o en pareja.

6. Cada uno considera al otro a la hora de tomar decisiones.

Es muy importante no confundir este punto con el “necesitar la aprobación y el permiso de nuestra pareja”, claramente no es el caso.  Se trata de recordar siempre que, nuestras decisiones probablemente sí afecten la vida de quienes nos rodean, no sólo nuestra familia sino también nuestra pareja.  Por muy independientes que seamos emocionalmente, es necesario tener en cuenta cuál puede ser la opinión, perspectivas e impacto en nuestra pareja.

7.  Ambos realmente valoran la relación.

En una sociedad donde predomina el concepto de desechable este puede ser uno de los conceptos más difíciles de lograr, porque implica tener un cambio de perspectiva importante.   Valorar la relación se refiere a entender que es un proceso en el cual están ambas personas y que frente a cualquier error o dificultad ambos querrán hacer todo lo posible para mejorarlo y luego convertir esas dificultades en otro aprendizaje más.   Las relaciones de pareja saludables siempre se ven a sí mismas como un viaje en el cual sí o sí habrán dificultades y desafíos, los cuales serán enfrentados como un equipo siempre dispuesto a hacer lo necesario para mejorar. Si la relación termina y se separan habrá sido porque cada uno decide avanzar en otra dirección, pero nunca porque frente a un problema, prefirieron desechar la relación como si fuese un producto fallido o descontinuado.