Violencia física y psicológica

Cuando existe un actuar sistemático o generalizado en el cual se reprime sólo cierto tipo de conductas, cuando no se respetan los protocolos de maneras que generan más daño y miedo, cuando existe un desbalance enorme entre una institución de orden versus civiles armados con cacerolas, pitos, panderos y en algunos casos puños y piedras, estamos hablando de coacción.  

No sólo se trata de violencia psicológica, no sólo se trata de violencia física, sino que puede existir detrás una intención clara y mucho más peligrosa: reprimir al que piensa distinto y molesta a los objetivos del gobierno y obtener control sobre las masas de personas disidentes, inclusive si son la gran mayoría del país.  

Este tipo de tácticas funcionan a través de un principio psicológico que normalmente se ocupa para el bien de las personas, el condicionamiento.   En palabras simples, la lógica detrás de las instituciones que ocupan la coacción es: Podemos obligar al otro a hacer lo que nosotros queramos mediante el uso de la fuerza y el miedo, independiente de si la persona tiene o no la voluntad de cambiar su conducta.
Este tipo de manipulación puede venir de un acto de choque muy evidente y palpable como el tradicional «castigo ejemplar» (como el caso del profesor preso por haber dañado un torniquete del metro o las ahora extremadamente altas penas que incluye la nueva ley anti-encapuchados) así como también puede ser una serie de eventos sistemáticos, conducidos a producir daño, de los cuales tenemos hoy ya muchísimos ejemplos: uso excesivo de la fuerza (sin negociación ni aviso) uso de balines sin respetar medidas de seguridad, uso indiscriminado de bombas lacrimógenas (incluso en hospitales o lugares con niños y ancianos), castigo de gas pimienta a quien manifieste su opinión cerca de un carabinero, uso de compuestos químicos conocidos por su peligroso efecto nocivo en la piel en el carro lanzaguas, etc.   

 

OPERACIONES PSICOLÓGICAS MILITARES

La otra forma de manipulación es mucho más sutil y pasa inadvertida en muchas personas pero debiese, hoy en día, considerarse dentro del plano de la coacción, las Operaciones Psicológicas (asociado a la guerra psicológica): Es un grupo de diferentes técnicas usadas para manipular la información que recibe un grupo o masa de personas con tal de modificar sus emociones, valores y/o conducta a una que permita cumplir los objetivos de quién efectúa estas operaciones psicológicas.    Es muy difícil distinguir cuándo una institución de orden o de fuerzas armadas está ocupando estas técnicas porque no quedan evidencias, actualmente no se podría asegurar con evidencias palpables y medibles que se están llevando a cabo, sólo puede intuirse en la medida que desde una mirada neutral podemos ir notando la manipulación que se da en los distintos niveles de una coyuntura social o militar.   Es necesario mencionar que entre los documentos que se filtraron del Ejército de Chile se evidencia el entrenamiento de militares chilenos en este tipo de estrategias, formación ofrecida por EE.UU., país con una tremenda experiencia e historial en el campo. 

En nuestro contexto este tipo de manipulación psicológica y conductual podría efectuarse a través del control de variables que hagan peor o más complicada la vida cotidiana de las personas y al mismo tiempo ofrecerles la imagen de un ‘responsable’, sea real o no, incluso podría caerse en clichés como tratar de instaurar mensajes como «estamos en guerra».    También tenemos la cantidad de ideas que se expanden por las redes buscando generar pánico colectivo: ideas de desabastecimiento, de organizaciones terroristas internacionales, desempleo desmedido, futuras crisis económicas, terror a convertirnos en países antagonistas, etc.   Se toman variables fuertes como limitar el horario de apertura y cierre de los supermercados y centros comerciales, para romper las rutinas y generar un clima de incertidumbre. Se limita el horario del transporte público para cambiar hábitos de movilización, generar descontento y siempre se le atribuye un mismo culpable.   En conjunto, la televisión distorsiona y segrega todas las ideas que puedan servir como motivación para esa población que buscan coaccionar, por el contrario buscan generar la idea de que “todo el pueblo está en contra de aquellos que «generan problemas»” y que “todos están cansado ya de las marchas, cacerolazos, barricadas, etc.”

La tercera forma de coacción tiene que ver mucho más con la violencia psicológica y es la que principalmente ha ocupado una buena parte de la clase política por años y que hoy se limita a un grupo gobernante que, encerrado en su burbuja, ignora cada una de las peticiones que le hacen las personas y eventualmente contesta con más coacción y violencia física.  Esta forma de daño psicológico está íntimamente relacionada a la indiferencia frente al malestar y dolor del otro. 

Indiferencia social y política

Las personas, como seres sociales y dotados, a su vez, de necesidades emocionales, aspiramos a establecer una relación de constante interacción con nuestros seres queridos y nuestra comunidad: familia, amigos, pareja, vecinos, etc. Si en un momento dado empezamos a percibir silencios, vacíos, frialdad y despreocupación, nuestro cerebro (y en concreto nuestra amígdala) entrará en pánico. Nos avisará de una amenaza, de un miedo profundo y evidente: el de percibir que ya no somos amados, apreciados o validados.  Evolucionamos para temer la indiferencia porque en otra época tener la indiferencia de la tribu o de aquellos que la lideraban, implicaba quedar desprotegidos y, en la mayoría de los casos, implicaba la muerte.

Interactuar, ser validados y aceptados en una sociedad, nos sitúa en el mundo. Esos procesos tan básicos desde un punto de vista relacional nos hacen visibles no solo para nuestro entorno, sino también para nosotros mismos. Es así como conformamos nuestra autoestima, así como damos forma también a nuestra identidad. Por tanto, cuando este vínculo es ignorado, sentimos que perdemos parte de nuestra identidad y por tanto nuestra autoestima se ve herida.

Cuando se ignoran sistemáticamente nuestras necesidades, nos enfrentamos al ostracismo. Una señal de violencia emocional clara utilizada para manipular o castigar.

En el caso de las relaciones personales, el ostracismo deja huellas profundas que incluso determinan las relaciones posteriores, ya que destruye la capacidad para confiar en los demás y establecer relaciones sanas. La frialdad emocional y la indiferencia pueden terminar discapacitando emocionalmente a una persona.   Por eso, es importante que tengamos presente que el distanciamiento emocional es una forma grave de violencia y manipulación psicológica.

El problema con la frialdad emocional, es que genera frustración y rabia debido a la falta de respuesta e implicación del otro. También puede hacer que nos sintamos confundidos, además de sentirnos solos e incomprendidos respecto a quienes tienen la oportunidad de ofrecer un cambio. Esta es la respuesta natural que podemos sentir con un cercano e incluso, con nuestros gobiernos y la clase política. La frustración, rabia y pena, son naturales. Debemos encontrar la forma de encontrar ayuda, buscar apoyo y aprender a desarrollar la resiliencia, para que a pesar de sentirnos así, podamos sobrellevarlo de la mejor forma y encontrar buenas maneras de enfrentar la problemática. 

Lo que nunca se esperaron

Cada una de de las conductas de coacción ha sido efectiva a lo largo de la historia.  Algunas como el castigo ejemplar son tan antiguas que se remontan a fechas anteriores a la edad media.  Otras como la propaganda y manipulación a través de los medios son más modernas. Pero en todos los casos siempre fueron ocupadas con una población principalmente ignorante, con muchas falencias emocionales y desconectados unos con otros. 
En nuestro caso fue distinto, acá se toparon con una población muchísimo más educada, con una perspectiva emocional acorde a la época y con un grado de comunicación y unión que ha superado toda expectativa.   Estas tácticas ya no funcionan en la mayoría de las personas, la divulgación de información que nos previene de ellas ha permitido que todos estén atentos y el tener acceso a una comunicación instantánea, sin filtro y con registro de fotos/videos, nos ha permitido tener una visión mucho más realista y global de la situación. 

Hoy el mundo nos mira y la violencia irracional tendrá justicia, hoy las personas ya no se rinden frente al miedo y tomamos cada caída como una fuente de motivación para levantarnos y dar otros dos pasos adelante.  

Quien coacciona no solo tiene serias dificultades para empatizar con las personas, en muchos casos se aprecia un sadismo explícito y la irracionalidad de los actos denota una falta de preparación y una motivación externa conducente al odio, a la idea de “enemigo” que debe ser investigada por quienes corresponda.   

Nuestro deber como profesionales en una situación como esta, aparte de nuestras labores cotidianas, implica explicar y difundir los mecanismos de coacción física y psicológica para que las personas estén atentas y tomen decisiones conscientes.  Mientras menos manipulables seamos, más independencia tenemos y somos más propensos a alcanzar nuestros propios objetivos y los de nuestra comunidad.  

 

 


Fotografía de Edgard Garrido.