DEFINICIÓN

A diferencia del mero Procesamiento Sensorial, que es la manera en la que el cerebro procesa y organiza la información que capta por medio de los sentidos, el Trastorno de Procesamiento Sensorial (TPS) es un funcionamiento distinto al común que puede tener nuestro cerebro en la forma de procesar la información que proviene de nuestros sentidos y que genera un impacto negativo en la vida de la persona. El TPS  puede afectar a uno o varios de estos sentidos. Estos proporcionan información de diversas modalidades: visión, audición, tacto, olfato, gusto, propiocepción, interocepción y el sistema vestibular siendo todos muy importantes en el funcionamiento y la sobrevivencia.  En otras palabras, el trastorno del procesamiento sensorial se caracteriza por problemas significativos en la organización de sensaciones provenientes del cuerpo y el medio ambiente, y se manifiesta por dificultades en el desempeño en una o más áreas principales de la vida.

La Dra. Jean Ayres, Terapeuta Ocupacional con formación postdoctoral en Neurociencia y Psicología de la Educación, comenzó a desarrollar el marco de referencia de la integración sensorial en los años 60, fue la primera en describir el trastorno de procesamiento sensorial como un conjunto de conductas atípicas relacionadas con un procesamiento sensorial deficiente.

A quienes padecen este trastorno y se sienten bombardeados por la información sensorial y tienden a evitarla se les denomina «hipersensibles»  Otros, al contrario, denominados «hiposensibles» parecen no darse cuenta de los estímulos que los rodean y se muestran indiferentes incluso necesitando que estos estímulos sean realmente fuertes para poder notarlos. 

DIAGNÓSTICO

Algunas personas pueden presentar un grado de desorden en su procesamiento sensorial pero no necesariamente implica un impacto en su vida porque pueden tener las herramientas innatas para llevarlo de buena manera, en esos casos podemos hablar de una «sensibilidad sensorial» o más técnicamente de un «desorden de procesamiento sensorial subclínico».  Es cuando aparece un impacto en la vida de la persona y una dificultad en el desarrollo de los distintos aspectos de su vida que ya consideramos el diagnóstico como trastorno.  

Se diagnostica cuando existen “dificultades sensoriales, motoras, de procesamiento, organización o integración de la información.  Estas dificultades deben ser suficientemente intensas como para interferir en las rutinas diarias y darse en contextos y relaciones diferentes. Este trastorno puede ser diagnosticado a partir de los 6 meses del bebé.El TPS es una categoría diagnóstica más amplia que incluye tres cuadros: Trastornos de la Modulación Sensorial (SMD), Trastornos de la Discriminación Sensorial (SDD) y Trastornos Motores con Base Sensorial (SBMD).

Subtipos del cuadro

El diagnóstico de TPS cuenta con tres tipos y dos subtipos. Los tipos se basan tanto en el umbral sensorial del individuo (alto o bajo), como en las estrategias de autorregulación (activa o pasiva) que el individuo emplee para encontrar la homeostasis. Los síntomas pueden variar según la edad. Las alteraciones en el procesamiento sensorial pueden reflejarse en las siguientes áreas: visual, auditiva, táctil, vestibular, propioceptiva, sensibilidad oral (sabor/textura), olor, planeamiento motor, tono muscular y atención.

Los individuos clasificados en el Tipo I (Hipersensibles) 

Presentan un umbral sensorial bajo. Se caracterizan, por tanto, por tener una reactividad sensorial alta, que los hace hipersensibles a los estímulos. Dependiendo de las estrategias de autorregulación que empleen pueden encuadrarse en 2 subtipos: Subtipo Receloso/Cauteloso (caracterizado por síntomas de evitación ante los estímulos) o el Subtipo Negativista/Desafiante (caracterizado por comportamientos oposicionistas y/o comportamientos agresivos y humor negativo).

El Tipo II (Hiposensibles) 

Presentan una baja reactividad sensorial que se caracteriza por mostrar una mayor pasividad de lo habitual, pudiendo parecer absortos y necesitando frecuentemente estímulos más intensos para iniciar una actividad o incluso para simplemente notar la información proveniente de sus sentidos. 

El Tipo III (Impulsivos, Patrón desorganizado de conductas o también llamado buscadores de sensaciones) 

Presentan una baja reactividad (al igual que los del Tipo II), pero los buscadores de sensaciones emplean estrategias de regulación activas que tienen por objetivo aumentar la intensidad del input sensorial, lo que genera comportamientos impulsivos y desorganizados. Se trata de personas que, teniendo la necesidad de estímulos y novedad sensorial, persiguen estímulos muy intensos para así contrarrestar la baja sensibilidad y poder regularse.  

Dado que el cuadro de TPS se generó a través del consenso clínico como una entidad específica para la primera infancia, cuenta con menos estudios de validación que aquellos diagnósticos que surgieron de la adaptación de los criterios para adultos. A pesar de ello, se cuenta con evidencia de que este trastorno se presenta y prevalece en la adultez.

INDICADORES A TOMAR EN CUENTA

Tipo I Hipersensible

  1. Evitación de estímulos

La persona se ve altamente afectada por estímulos.

Ejemplo: Las luces brillantes le son incómodas a los ojos; las telas pueden sentirse desagradables, los olores pueden ser molestos o incluso dolorosos. La tensión de estos estímulos incómodos, desagradables o dolorosos pueden generar molestias posteriores como jaquecas o tensión corporal.

  1. Torpeza y falta de coordinación

Ejemplo: No es consciente espacialmente de los lugares en los que se encuentra, pudiendo lastimarse o golpearse fácilmente. Es probable que sea poco hábil para manipular objetos y tenga poca motricidad fina.

  1. Propensión a las distracciones

La alta sensibilidad a estímulos sensoriales cuya información no pueden procesar correctamente generando desconcentración, hace que sea complejo poder enfocarse en la cotidianidad, siendo propensos a las distracciones.

Tipo II Hiposensible

  1. Búsqueda de constricción

En este caso, se ha reportado que las personas hiposensibles tienden a ser proclives a buscar la sensación de tener el cuerpo o partes de su cuerpo apretadas. 

Ejemplo: Puede disfrutar de ropa ajustada y tensa; puede buscar abrazos y puede disfrutar de mantas o ropa con peso extra.

  1. Actitud inquieta

Debido a que los estímulos son a veces imperceptibles, el cerebro de la persona busca estimulación constante, incluso si no está en su ambiente puede ocupar distintas técnicas para generar esos estímulos.

Ejemplo: Las personas buscan estar en presencia de música estridente y luces brillante; puede que se vea envuelto en actividades o deportes de riesgo. De no poder cumplir con esas conductas es capaz de cantar, emitir sonidos, generar percusiones, jugar con reflejos o mirar luces justamente para generar un estímulo mayor.

  1. Baja sensibilidad al dolor

Debido a la baja percepción corporal, las personas hiposensibles tienen baja sensibilidad al dolor, reaccionando de maneras poco intensas a golpes o heridas cuando personas con procesamiento promedio podrían reaccionar mucho más fuerte a los mismos estímulos. 

COMORBILIDADES

TPS y Misofonía

Existe un importante solapamiento en los síntomas de lo que conocemos como «misofonía» y el TPS. La misofonía describe un trastorno de base neurológica en el que los estímulos auditivos se malinterpretan dentro del sistema nervioso central produciendo una sensación desagradable. Las personas que padecen misofonía se activan o «disparan» con sonidos específicos, como masticar, toser, golpear un lápiz, estornudar, etc. Pawel y Margaret Jastreboff denominaron este trastorno en 2001, en un esfuerzo por distinguirlo de la hiperacusia.

Tanto la hiperacusia como la misofonía son trastornos relacionados con la «disminución de la tolerancia al sonido». Sin embargo, la hiperacusia es una condición en la que la información auditiva es insoportable por percibirlo con una intensidad alta y no por la naturaleza del sonido. En la misofonía, son los sonidos repetidos (o en patrón) los que resultan intolerables. Los Jastreboff (2001) plantearon originalmente la hipótesis de que en la misofonía los ruidos basados en patrones desencadenan una reacción exagerada en el sistema límbico (donde se median las emociones en el cerebro). Por lo tanto, los estímulos auditivos provocan una respuesta emocional que hace que la persona que la padece sienta ira, miedo, asco o, en general, un «descontrol». Aunque los Jastreboff distinguieron entre hiperacusia y misofonía a través de sus síntomas, la confusión entre ambos trastornos está lejos de estar resuelta. La etiología de ambos trastornos tampoco está clara.

El TPS y la misofonía comparten un notable solapamiento de síntomas. Tanto en la misofonía como en la hiperreactividad sensorial, los estímulos auditivos desencadenan la reacción instintiva de lucha y la huida, lo que hace que la persona que la padece se sienta enojada, temerosa, asqueada y/o «generalmente fuera de control», como sugirieron originalmente los Jastreboff.

En los últimos 15 años ha surgido un impresionante corpus de investigación sobre la sobre-respuesta sensorial. El trabajo sobre la sobre-respuesta sensorial incluye numerosos estudios fisiológicos que demuestran que, ante la presentación de estímulos sensoriales, los niños y los adultos se ven impulsados a la respuesta de lucha/huida. 

TPS y TEA

Si bien el TPS no está reconocido como un diagnóstico médico formal por sí mismo, puede existir separado de un diagnóstico de autismo. Sin embargo, las dificultades en el procesamiento sensorial son uno de los varios indicadores para el diagnóstico de autismo. No todas las personas con autismo tendrán necesariamente problemas sensoriales y TPS, pero los estudios muestran que —al menos en niños autistas— tres cuartas partes tienen también signos de trastorno del procesamiento sensorial.

Otros estudios indican que más allá de la evidencia anecdótica, cuestionarios como el Perfil Sensorial han estimado características sensoriales atípicas en más del 90% de los niños y adultos con TEA.

En un estudio con una muestra de 50 niños con autismo, se determinó que un 82% padecía TPS.

TPS y Trastorno de Déficit Atencional (con o sin hiperactividad)

Los estudios del Instituto STAR sugieren que el TPS y el TDAH son trastornos únicos, cada uno con sus propios síntomas. Esto significa que el TPS no es simplemente un tipo de TDAH, y el TDAH no es simplemente un subtipo de TPS. Sin embargo, se estima que un 40% en la población típica y un 60% en las muestras clínicas de los niños con un trastorno también tienen síntomas del otro.

Como similitud encontramos que en ambos trastornos puede que la persona se sienta inquieta y no sea capaz de concentrarse correctamente. También le puede resultar difícil controlar sus emociones, sobre todo en niños, además de padecer crisis frecuentes.
En ambos casos está presente la ansiedad y la dificultad para lidiar con entornos sociales.

Las personas con TDAH y TPS suelen decir que no pueden «apagar» su cerebro.

HERRAMIENTAS PARA MANEJAR EL TPS

Hay muchas herramientas para ayudar a mitigar los efectos negativos del TPS. Aunque la terapia y la atención de otros especialistas son las formas más importantes y eficientes para manejar el TPS, es sumamente importante las medidas que se toman personalmente, al igual que las medidas que pueden tomar los que le rodean.

  1. Si la persona es sensible al ruido, existe en el mercado gran variedad de audífonos canceladores de ruido, tapones que eliminan ciertas frecuencias o auriculares especializados para reducir el ruido. Estos se recomiendan usar en lugares concurridos, ruidosos o simplemente si hay sonidos bajos, pero repetitivos o contínuos que afectan a la persona, como por ejemplo el sonido de la electricidad. 
  2. Existen mantas con peso añadido que se pueden utilizar en el día a día o sólo para dormir, que ayudan a mantener a la persona regulada y tranquila. También se recomiendan prendas de vestir apretadas y tensas. Acá no se intenta solucionar el problema auditivo sino ofrecer contención para poder llevarlo de mejor manera. 
  3. Así como algunas personas se benefician del peso y presión contra sí mismos, otras personas necesitan lo contrario. Ropa ligera en toda época del año. Se recomienda elegir las telas y texturas que sean más cómodas para mitigar las incomodidades que la ropa presenta.
    Un detalle relevante, es elegir prendas con hilos suaves y no plásticos que se endurecen con el tiempo, y remover las etiquetas que sean incómodas para la sensibilidad táctil.
  4. Se recomienda para la sensibilidad ocular, contar con una iluminación personalizada en habitaciones de todo el hogar o un espacio dedicado a la calma que tenga dicha iluminación.
    Para esto también se debe considerar una decoración con poca información visual, o sea poco desorden y atochamiento de objetos o muebles.
  5. Por el contrario, quienes necesiten estimulación visual, se recomiendan habitaciones brillantes o que posean luces de colores cambiantes. Al igual que decoración o espacios maximalistas. 

TERAPIAS y TEA + TPS

La combinación de trastorno de procesamiento sensorial y autismo en los adultos va a suponer una serie de retos diferentes a los de los niños, pues las intervenciones de terapia ocupacional para niños suelen centrarse en ayudarles a tener una mejor adaptación y suelen utilizar el juego para ayudarles con el procesamiento sensorial. 

Por ejemplo, para ayudar a los adultos con TPS y autismo, las intervenciones se centran en las habilidades de autocuidado, ayudándoles a ser más independientes y a funcionar mejor en la vida diaria.

Los servicios de terapia ocupacional siguen considerándose el tratamiento óptimo para los adultos, y pueden utilizarse para ayudar a los clientes a procesar e integrar mejor la información sensorial.

Otra herramienta utilizada por los profesionales de la terapia ocupacional es la creación de una «dieta» sensorial. Esta dieta sensorial es un enfoque de tratamiento que puede ser utilizado por las familias, los padres y los cuidadores para utilizar cosas que tienen un efecto calmante en el individuo específico.

La dieta sensorial se centra en las necesidades sensoriales específicas de la persona.

También puede ayudar a aumentar la exposición sensorial de forma gradual para mejorar la tolerancia. Una dieta sensorial no está relacionada con los alimentos, aunque puede incluir las comidas y los hábitos alimentarios.

TERAPIAS Y TDA/H + TPS

Los medicamentos, como los estimulantes a base de anfetaminas  y los estimulantes a base de metilfenidato permiten a las personas con TDAH concentrarse, lo que puede ayudar a reducir la impulsividad que provoca TSP. Lamentablemente, a veces, este nuevo foco que brindan los medicamentos, hace que las personas se centren en el estímulo que les abruma, causando más problemas.

El tratamiento del TSP en el TDAH puede incluir terapias ocupacionales que ayuden a la persona a acostumbrarse a la estimulación sensorial. En niños, esto puede incluir actividades como saltar en una piscina de bolas, caminar descalzo o chocar contra paredes acolchadas.

PSICOTERAPIA y TPS

Los psicólogos pueden ofrecer asesoramiento clínico, así como psicoeducación en torno al TPS y las necesidades sensoriales individuales. Debido a que el TPS está asociado con la desregulación emocional, un psicólogo puede a través de la psicoterapia, entregar herramientas y estrategias clave para manejar de mejor manera las emociones.

Las personas con TPS pueden experimentar más desafíos con la atención, el estado de ánimo, la ansiedad, el funcionamiento ejecutivo, el aprendizaje y el simple hecho de seguir instrucciones. Contar con un psicoterapeuta con experiencia puede ayudar a sobrellevar de mejor forma la vida con estos grandes desafíos.