¿Qué es el TDAH?

El trastorno por déficit de atención/hiperactividad (TDAH) es una alteración de origen neurobiológico de inicio en la infancia caracterizado por la presencia de niveles clínicos de inatención y/o de hiperactividad-impulsividad (Barkley, 1997; Bitaubé et al., 2009; Cornejo et al., 2005).

Según Barkley (1997), el TDAH se caracteriza por déficits en la inhibición conductual, la atención sostenida y las funciones ejecutivas, que juegan un papel central en la comprensión de esta condición.

Willcutt et al. (2005) realizaron una revisión meta-analítica que proporciona apoyo a la teoría de las funciones ejecutivas como explicación de los déficits cognitivos observados en el TDAH.

Según Biederman et al. (2008), el TDAH en la infancia está asociado con un riesgo elevado de disfunción ejecutiva y trastornos psiquiátricos en la edad adulta, lo que resalta la importancia de una evaluación y un manejo clínico adecuados a lo largo de la vida.

Tipos de TDAH

Según el Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales (DSM-5) publicado por la Asociación Americana de Psiquiatría (APA), existen 3 tipos de trastorno por déficit de atención e hiperactividad (TDAH):

1. TDAH de predominio inatento: También conocido como TDAH tipo desatento, se caracteriza por la predominancia de síntomas de inatención. Las personas con este tipo de TDAH tienden a tener dificultades para prestar atención a los detalles, mantener la concentración en tareas, seguir instrucciones y organizarse de manera eficiente.

2. TDAH de predominio hiperactivo/impulsivo: Este tipo de TDAH se caracteriza por la predominancia de síntomas de hiperactividad e impulsividad. Las personas con este tipo de TDAH pueden tener dificultad para estar quietas, hablar en exceso, interrumpir a otros, actuar de manera impulsiva y tener dificultades para esperar su turno.

3. TDAH de tipo combinado: En este tipo de TDAH, se observan síntomas tanto de inatención como de hiperactividad/impulsividad. Las personas con TDAH de tipo combinado experimentan una combinación de síntomas de ambos tipos mencionados anteriormente.

¿Qué son las funciones ejecutivas?

Las funciones ejecutivas pueden ser definidas como las rutinas responsables de la monitorización y regulación de los procesos cognitivos durante la realización de tareas cognitivas complejas (Miyake, Friedman, Emerson, Witzki, Howerter y Wager, 2000).

Según Anderson (2008), los elementos claves que incluyen las funciones ejecutivas son:

  1. Anticipación y desarrollo de la atención.

  2. Control de impulsos y auto-regulación.

  3. Flexibilidad mental y utilización de la retroalimentación.

  4. Planificación y organización.

  5. Selección de forma efectiva de estrategias para resolver problemas y monitorización.

¿Qué es la disfunción ejecutiva?

La disfunción ejecutiva se refiere a una amplia gama de alteraciones cognitivas que implican dificultades para planificar, organizar, iniciar y regular comportamientos dirigidos a objetivos (Miyake et al., 2000; Diamond, 2013).

Se asocia comúnmente con diversas afecciones neurológicas y psiquiátricas, incluido el trastorno por déficit de atención con hiperactividad (TDAH), lesión cerebral traumática (TBI), accidente cerebrovascular, enfermedad de Parkinson y esquizofrenia (Lezak, 2012; Barkley, 2012) y el Trastorno de Espectro Autista (TEA).

La disfunción ejecutiva a menudo se caracteriza por déficits en las funciones ejecutivas, que son procesos cognitivos multifacéticos que facilitan el pensamiento flexible, la inhibición, la memoria de trabajo y el control cognitivo (Miyake et al., 2000; Diamond, 2013). Estos impedimentos pueden afectar significativamente el funcionamiento diario y la capacidad de un individuo para alcanzar sus metas (Lezak, 2012).

Es importante tener en cuenta que la disfunción ejecutiva puede manifestarse de manera diferente dependiendo de la condición subyacente, y los mecanismos neurales y regiones cerebrales específicos, como la corteza prefrontal, pueden estar implicados en la disfunción ejecutiva en diferentes trastornos (Arnsten, 2009; Shallice, 2002).

¿Qué significa tener disfunción ejecutiva para una persona con TDAH?

Tener disfunción ejecutiva como persona con TDAH implica tener dificultades en las funciones cognitivas superiores que regulan y controlan el pensamiento, el comportamiento y las emociones, por lo tanto tienen dificultades en:

1. La capacidad para planificar.
2. Organizar.
3. Establecer metas.
4. Mantener la atención.
5. Inhibir respuestas impulsivas.
6. Manejar y gestionar eficientemente el tiempo.
7. Planificación y organización de tareas.
8. Cumplimiento de plazos.
9. La resolución de problemas.
10. La autorregulación emocional.

Estas dificultades pueden afectar el rendimiento académico, las relaciones interpersonales, el desempeño laboral y la vida cotidiana en general.

Es importante destacar que la disfunción ejecutiva puede variar en grado y manifestación en cada persona con TDAH. Algunas personas pueden experimentar dificultades en todas las áreas mencionadas, mientras que otras pueden tener dificultades más específicas. El apoyo adecuado, la comprensión y el aprendizaje de estrategias de autorregulación pueden ser fundamentales para ayudar a las personas con TDAH a manejar y superar los desafíos asociados con la disfunción ejecutiva.

Algunos ejemplos de cómo se manifiesta la disfunción ejecutiva en personas con TDAH incluyen:

1. Dificultades en la organización y la planificación: Pueden tener dificultades para dividir las tareas en pasos más pequeños, establecer prioridades, crear planes de acción y mantener un horario organizado.

2. Problemas de atención y concentración: Pueden tener dificultades para mantener la atención en una tarea específica, ser fácilmente distraídos por estímulos externos o internos y tener dificultades para filtrar la información relevante de la irrelevante.

3. Impulsividad y dificultad para inhibir respuestas automáticas: Pueden tener dificultades para controlar los impulsos, lo que puede manifestarse en interrupciones frecuentes durante conversaciones, dificultades para esperar el turno o dificultades para pensar antes de actuar.

4. Problemas en la autorregulación emocional: Pueden tener dificultades para regular las emociones y pueden experimentar cambios de humor rápidos, dificultades para manejar el estrés y dificultades para controlar las reacciones emocionales en situaciones desafiantes.

Estas dificultades pueden impactar gravemente la vida de las personas que padecen esta condición:

1. Frustración: Las personas con disfunción ejecutiva y TDAH pueden sentirse frustradas por su dificultad para organizar y completar tareas, cumplir con plazos, mantener el enfoque y alcanzar sus metas. Pueden tener un fuerte deseo de hacer las cosas correctamente pero se sienten atrapadas en un ciclo de dificultades.

2. Estrés: Las demandas y expectativas cotidianas pueden generar altos niveles de estrés para las personas con disfunción ejecutiva y TDAH. La dificultad para manejar tareas múltiples, seguir instrucciones, mantener la atención y cumplir con las responsabilidades puede generar una sensación abrumadora y de presión constante.

3. Baja autoestima: Las dificultades recurrentes en áreas como la organización, la planificación y la gestión del tiempo pueden afectar la autoestima de las personas con disfunción ejecutiva y TDAH. Pueden sentirse inadecuadas o incompetentes, especialmente cuando ven a otras personas realizar tareas de manera más eficiente.

4. Desmotivación: La experiencia de intentar y no lograr consistentemente los resultados deseados puede llevar a sentimientos de desmotivación y apatía. Las personas pueden sentir que sus esfuerzos no valen la pena o que siempre están destinadas al fracaso, lo que puede dificultar la perseverancia y el compromiso con las tareas.

5. Inseguridad: Las dificultades para controlar los impulsos y regular las emociones pueden llevar a sentimientos de inseguridad en las interacciones sociales. Pueden temer ser juzgadas o rechazadas debido a sus reacciones impulsivas o a la dificultad para seguir las normas sociales establecidas.

¿Qué pueden hacer los cercanos de una persona con la condición de tdah que tiene disfunción ejecutiva para apoyarle en sus dificultades?

Para apoyar a una persona con TDAH y disfunción ejecutiva, es importante adoptar un enfoque comprensivo y colaborativo.

1. Educarse sobre el TDAH y la disfunción ejecutiva: Obtener información sobre el TDAH y la disfunción ejecutiva puede ayudar a comprender mejor las dificultades y desafíos que enfrenta la persona. Esto puede facilitar la empatía y la adaptación de las expectativas.

2. Comunicación abierta y respetuosa: Mantener una comunicación abierta y respetuosa con la persona afectada es esencial. Permitir que expresen sus sentimientos, preocupaciones y necesidades puede ayudar a fortalecer la relación y fomentar la confianza.

3. Establecer rutinas y estructura: Crear rutinas regulares y proporcionar una estructura clara puede ser beneficioso para las personas con TDAH y disfunción ejecutiva. Establecer horarios para actividades diarias, tareas y descansos puede ayudar a reducir la sensación de desorganización y facilitar la planificación.

4. Fomentar la organización y la planificación: Ayudar a la persona a desarrollar habilidades de organización y planificación puede ser de gran ayuda. Esto puede incluir proporcionar recordatorios visuales, establecer listas de tareas, utilizar calendarios o aplicaciones de gestión del tiempo y descomponer las tareas en pasos más pequeños y manejables.

5. Apoyar el enfoque y la concentración: Crear un entorno propicio para el enfoque y la concentración puede ser útil. Esto puede implicar minimizar las distracciones, establecer límites en el uso de dispositivos electrónicos, proporcionar un espacio tranquilo para el estudio o el trabajo, y fomentar el uso de técnicas de autorregulación, como la meditación o la respiración profunda.

6. Fomentar el manejo del estrés y las emociones: Las personas con TDAH y disfunción ejecutiva pueden experimentar dificultades en el manejo del estrés y las emociones. Apoyar estrategias de autorregulación emocional, como la práctica de técnicas de relajación, el ejercicio físico regular y el fomento de actividades placenteras, puede ser beneficioso.

7. Celebrar los logros y mostrar apoyo: Reconocer y celebrar los logros, por pequeños que sean, puede ser muy motivador. Mostrar apoyo y aliento constante puede ayudar a la persona a mantener una actitud positiva y a seguir esforzándose.