Niños tímidos: cómo ayudarlos a crecer

Es completamente natural que cada niño nazca con distintos niveles de seguridad a la hora de socializar y explorar elementos o personas nuevas en su día a día.  Usualmente nos referimos a esta tendencia bajo las etiquetas de «Introvertidos» y «Extrovertidos» pero hay un elemento distinto y es la «Timidez».
Tenemos que entender que la introversión y la extroversión son nuestras preferencias bases, una persona introvertida puede perfectamente asistir a un matrimonio o un paseo con muchas personas e incluso disfrutarlo, pero de todas formas siempre preferirá estar tranquilo, en su casa y con mucho menos gente.   La timidez es una barrera autoimpuesta y que se basa en nuestra propia inseguridad, puede afectarnos tanto si somos introvertidos, extrovertidos o ambivertidos.   Son creencias, a menudo adquiridas justamente en nuestra niñez y que nos llevan a sentir que siempre algo puede salir mal en estas instancias sociales nuevas, a pensar que los demás nos harán juicios negativos o simplemente pensarán cosas malas sobre nosotros.    Este circuito de pensamientos comienzan a generar una ansiedad a tal punto que llega a agobiarnos la mera idea de compartir con personas a las que no estamos completamente acostumbrados.

Son muchas las personas que hoy en día sufrimos las consecuencias de la timidez, poniéndonos límites en lo que hacemos y sintiendo siempre una brecha entre lo que deseamos hacer y nuestra conducta final.    Es un problema que ayudamos a resolver día tras día en nuestra consulta psicológica y naturalmente tiene un muy buen pronóstico, pero siempre cuando logramos estar mejor nos preguntamos ¿cómo hubiese sido mi vida si esto lo solucionaba antes o si incluso mis padres hubiesen sabido ayudarme?
He ahí la importancia de este artículo, donde te daremos algunas guías que te servirán para ayudar a es@ pequeñ@ a desarrollarse de una manera positiva y permitiéndole construir una personalidad sólida en cuanto a la socialización.

 El lenguaje: la primera gran herramienta

La manera en la que decimos las cosas nos sirve para entenderlas y catalogarlas, a veces esto último puede funcionar en nuestra contra, especialmente cuando hablamos de etiquetas negativas.  Cuando comenzamos a decir que un niño «es tímido» y él nos escucha, entiende que en realidad él es su timidez y por lo tanto no tiene problema en comenzar a actuar el rol que ya le hemos asignado.  Lo mismo pasa con los niños que son catalogados como «niños problema».    Lo mejor es evitar que escuchen las etiquetas y clasificaciones que hacemos y como siempre podemos cometer el error de esto suceda, lo mejor es acostumbrarnos a hablar las cosas acotadamente: Cambiamos el “él es tímido” por un “él está, en este momento, siendo tímido”.   Cambiamos un “le cuesta jugar con los demás” por “le cuesta en este momento jugar con los demás, puede que más tarde quiera”, en esta segunda frase incluso dejamos abierta la posibilidad, dándole a entender a su pequeño cerebro que incluso aunque en este momento no esté preparado para socializar, eventualmente si quiere más tarde, puede hacerlo.  Abrimos una ventana.

Que no se note tu esfuerzo

Cuando intentas forzar una situación, no importa si eres padre, madre, jefe, polola, etcétera, siempre se nota.   Si un niño ve que intentas empujarlo puede sentir temor al abandono, lo que le hace reticente a seguir lo que le pides.   Cuando ves que no está dando resultado empiezas a sentir frustración y eso ya es la gota que rebalsa el vaso.  Cuando una emoción como la ansiedad, la frustración o la rabia comienza a manifestarse en tí, un niño entiende que estamos frente a una situación difícil, se despierta su instinto de sobrevivencia y simplemente se cerrará a toda posibilidad de explorar ese nuevo mundo al que intentas meterlo.
La clave está en inducir en lugar de forzar.  Eso implica respetar sus tiempos, hacer como que realmente no nos afecta mayormente si quiere o si no quiere socializar en ese momento.   Podemos ayudarle acercándolo en la medida que le damos a elegir para que sienta que tiene cierto control de la situación.  Podemos preguntarle si quiere ir a jugar o mejor nos sentamos a mirar como ellos juegan (en un lugar más cerca de la zona de interacciones).  De esa manera aunque el o la pequeña elija lo que más le acomoda estarás haciendo un progreso y le vas permitiendo ir aprendiendo que no hay ningún problema al estar más cerca.     Luego puedes ir bajo la misma lógica generando opciones en distintos grados.  ¿y si se les cae la pelota hacia acá se la devolvemos los dos para que sigan jugando? ¿y si ahora nos turnamos en devolverla?  Incluso un pequeño paso es, a la larga, un gran avance.

La previa

Una buena forma de ayudarles es haciendo una preparación con anterioridad, explicarle por ejemplo que nos visitará un pariente, o que iremos a una comida donde estarán x, z y n personas.  Podemos mostrarles fotos para evitarles el proceso de suponer.   Puedes nuevamente ofrecerle distintas opciones como por ejemplo, explicarles que cuando entren a la nueva casa, si quiere puede saludar tomando la mano de cada persona, o bien, puede saludarlos a todos desde la entrada agitando la mano y diciendo buenos días, o incluso puede solo mirar y sonreír como una muestra de contacto.   Nuevamente respetamos su espacio, pero ya vamos induciendo la activación de una conducta para que poco a poco aprenda que las personas nuevas no son un riesgo (en términos de socialización, porque naturalmente no podemos enseñarles que confíen ciegamente en cualquier persona).

La dupla ganadora

A veces lo único que necesitan los niños tímidos es una mano amiga, no adulto, que pueda guiarlos y darles un pequeño empujoncito.   Es común que en todo grupo de niños siempre hay niños más activos y extrovertidos, si pones ojo puedes detectar inmediatamente quién es un líder innato en el grupo, quien decide y guía a los demás.  Esa niña o niño puede ser el punto de apoyo que algunos pueden necesitar para comenzar a activarse.   A veces se da muy innatamente en la medida que están cerca y comienzan a jugar.    En otros casos puedes conversar con los padres-cuidadores del pequeño líder para que hablen con su niño y que así él pueda acercarse e integrar al más tímido, estar pendiente un rato de que se integre bien y entre en confianza.  Los niños extrovertidos no tienen ningún problema para lidiar con esas tareas, les encanta hacer nuevos amigos y si se les plantea como una tarea o misión están más que dispuestos a ayudar.    Si notas que se trata de un(a) líder negativo, mejor evitar hacer el ejercicio ese día, puede ser más perjudicial hacerlo en casos como esos que no hacerlo.

Objetos de transición

Todos los niños tienen algunos juguetes que están asociados a la calma y tranquilidad de su casa, a veces puede ser incluso alguna prenda de vestir.  Puede ser una tremenda ayuda que los niños tímidos lleven alguno de esos objetos a los lugares nuevos, les sirve como un recordatorio y ayuda a bajar los niveles de ansiedad.   Lo importante es que no sea algo muy perdible o rimbombante, no queremos que su pedacito de hogar se pierda y asocie a los humanos nuevos como aquellos que le quitan su seguridad simbólica.

Esperamos que te sirva cada uno de estos consejos, si no tienes un hijo o hija tímido pueden servirte para ayudar a un sobrino, nieto, primo, etcétera.   Puedes mostrárselo a sus padres si ves que son de aquellos que sí se preocupan por el bienestar emocional de sus hijos.  Ten en cuenta que mientras más se comparta este artículo, mejor es para todos y ayuda, con un pequeñísimo granito de arena, a tener una mejor sociedad a futuro.

Si eres un padre, madre o cuidador que desea aprender más técnicas como estas, o quieres una ayuda totalmente adecuada a tu contexto personal, o también si eres una persona tímida que siente la barrera de inseguridad que se interpone entre tú y tus anhelos, pueden agendar una hora Aquí